martes, 14 de junio de 2011

Cuando superamos el primer momento traumático, la crisis y el caos, son una puerta abierta a la evolución, al cambio, a la reflexión, a la reformulación, no sólo de los procedimientos concretos ante una catástrofe o de la reparación de la infraestructura, sino que también, y fundamentalmente, la oportunidad de transmutar la conciencia humana.


El terremoto es manifestación de una inmensa dinámica vital que para los seres humanos cobra una dimensión dramática, dolorosa y destructiva, y eso, que tanto nos ha dolido y angustiado, constituye, al mismo tiempo una gran oportunidad.
Aún cuando no nos guste recordarlo y en nuestra cultura tendamos a reprimirlo y olvidarlo, la disolución y la destrucción son parte del proceso universal, planetario, histórico, social y personal puesto que no se puede construir algo nuevo si no se disuelve el estado anterior, y es integrado en un orden más complejo, rico y amplio…muere la flor y nace el fruto, muere el niño y nace el adolescente, muere la cáscara y nace la semilla, muere el cuerpo y queda la Conciencia Pura.
Muerte y nacimiento estarán siempre presentes sucediéndose uno al otro, la transformación es inevitable y ella supone disolución y construcción, una y otra vez, esto es parte del modo en que opera el universo, Cosmos y Caos; Cosmos estabilizando, ordenando, armonizando, Caos estimulando las rupturas de los órdenes anquilosados, del cual surgen nuevos estados, más complejos, ricos y diversos, como si toda la manifestación, desde las estructuras moleculares, los seres vivos y la conciencia humana necesitaran ser removidos, sacados de su espacio de comodidad y estabilidad para generar búsqueda de nuevas posibilidades y formas de expresión, como si todo ser necesitara ser removido para salir de su acomodación y expresar su potencialidad en mayor intensidad….y no cabe duda los límites invisibles que la cultura y sociedad del consumo, el carrete, la codicia y la carrera interminable por “más y más” impone a quienes se dejan atrapar por ella es estrecha y atenta contra la manifestación del Alma humana, con su enorme potencialidad de amor, creatividad, sabiduría, paz.
Cuando superamos el primer momento traumático, la crisis y el caos, son una puerta abierta a la evolución, al cambio, a la reflexión, a la reformulación, no sólo de los procedimientos concretos ante una catástrofe o de la reparación de la infraestructura, sino que también, y fundamentalmente, la oportunidad de transmutar la conciencia humana. Cuando esto es vivido en forma colectiva por un país entero, cuando hemos experimentado la angustia, el dolor, la fragilidad, al mismo tiempo se genera una enorme potencia de transformación.


Por ello, el desafío no es re-construir, en las mismas bases y cimientos que antes, sino que de crear algo nuevo, que integre los aspectos valiosos de lo anterior y que se libere de aquello que generó negatividad, oscuridad, prisión, esa es la gran oportunidad que ofrece toda gran mutación. La reflexión para las personas y comunidades que despiertan a vivir una vida consciente tiene que ver con qué necesitamos destruir, dejar atrás, para no crear más de lo mismo cuando salgamos de la crisis, para no volver a levantar las mismas estructuras de individualismo, consumismo ansioso, automatismo, agresividad en esta cultura del stress de correr incesantemente tras logros de apariencia y status económico.

Los procesos destructivos inesperados y de gran fuerza son como una gran bofetada y su valor puede ser despertarnos, permitirnos ver lo que no veíamos en medio de la hipnosis colectiva, cuestionarnos nuestro sentido de vida, fines y medios. Replantearnos lo que es importante y lo que es accesorio y volver a levantarnos de otra manera en otras bases, cimientos y sentido.




Patricia May
www.patriciamay.cl