martes, 8 de febrero de 2011

LA SABIDURÍA DE LA RENDICIÓN

EL CAMBIO SÓLO PUEDE EMPEZAR DENTRO DE TI...LA PREOCUPACIÓN ES UN HÁBITO COMPULSIVO QUE NO SIRVE DE NADA....NO TE RESISTAS A NADA, PORQUE SI TE RESISTES LE DAS MÁS FUERZA....




lunes, 7 de febrero de 2011

NADA, EXCEPTO MIS PROPIOS PENSAMIENTOS, ME PUEDEN HACER DAÑO.

Padre, Tu Hijo es perfecto. Cuando pienso que algo o alguien me ha hecho daño, es porque me he olvidado de quién soy y de que soy tal como Tú me creaste. Tus Pensamientos sólo pueden proporcionarme felicidad. Si me siento triste, herido o enfermo, es porque he olvidado lo que Tú piensas, y he implantado mis absurdas ideas en el lugar donde a Tus Pensamientos les corresponde estar, y donde están. nada, excepto mis propios pensamientos, me puede hacer daño. Los Pensamientos que pienso Contigo sólo pueden bendecir, y sólo ellos son verdad.


Hoy no me haré daño a Mi mismo. Pues me encuentro mucho más allá de cualquier dolor. Mi Padre me puso a salvo en el Cielo y vela por mi. Y yo no quiero atacar al Hijo que Él ama porque lo que Él ama es también objeto de mi amor.

UN CURSO DE MILAGROS

martes, 1 de febrero de 2011

RELACIONES: Mientras el ego dirija tu vida, la mayor parte de tus pensamientos, emociones y acciones surgirán del deseo y del miedo. Entonces, en las relaciones, o bien demandarás, o bien temerás algo de la otra persona. Puede que quieras placer o beneficios materiales, reconocimiento, alabanzas o atención, o fortalecer tu sentido del yo mediante la comparación y el establecimiento de que eres, tienes o sabes más que la otra persona. Y lo que temes es que ocurra justo lo contrario, que esa persona pueda reducir de algún modo tu sentido del yo.

RELACIONES 

Qué rápidamente nos formamos una opinión  de otras personas, qué rápidamente llegamos a una conclusión sobre ellas. A la mente egótica le resulta satisfactorio etiquetar a otro  ser humano, darle una identidad  conceptual, pronunciar juicios severos. 

Cada ser  humano ha sido  condicionado a pensar y comportarse de  cierta manera, condicionado tanto genéticamente como por sus experiencias infantiles y su entorno cultural. No es que ese  ser humano sea así, pero así es como se presenta. Cuando emites un juicio  respecto  a alguien, confundes los patrones mentales condicionados  con lo que esa  persona es. Esa  acción, en  sí misma, denota un patrón profundamente inconsciente y  condicionado. Das a esa persona una identidad conceptual, y esa falsa identidad se convierte en una prisión no sólo para ella, sino también para ti.

Evitar el juicio no implica ignorar lo que el otro hace; implica reconocer que su
conducta es una forma de condicionamiento; implica verla y aceptarla tal como es, sin construir una identidad para esa persona a partir del condicionamiento. Eso te libera a  ti y a la otra  persona  de la identificación  con el condicionamiento, con  la forma,  con la mente. Entonces el ego  ya no rige tu relación. 

Mientras el ego dirija tu vida, la mayor parte de tus pensamientos, emociones y acciones surgirán  del deseo  y del miedo. Entonces, en las  relaciones,  o bien demandarás, o bien temerás algo de la otra persona. Puede que quieras placer o beneficios materiales, reconocimiento, alabanzas o atención, o fortalecer tu sentido del yo mediante la comparación y el establecimiento de que eres,  tienes o  sabes más que la otra persona. Y lo que temes es que ocurra justo lo contrario, que esa persona pueda reducir de algún modo tu sentido del yo. 

Cuando diriges  tu atención al momento presente —en lugar de usarlo como un medio para un fin— vas  más allá  del ego y más allá de la compulsión inconsciente de usar a la gente como un medio para un fin, siendo el fin tu propio fortalecimiento a costa de los demás. Cuando prestas toda tu atención a
la persona con la que estás interactuando, dejas fuera de la relación el pasado y 
el futuro, excepto para fines prácticos. Cuando estás plenamente presente en tus encuentros con otras personas, renuncias a la identidad conceptual que has
creado para ellas —tu interpretación de quiénes son y de lo que hicieron en el 
pasado—, y eres capaz de interactuar prescindiendo de los movimientos egóticos del deseo y del miedo. La clave está en la atención, que es una alerta serena. 

Qué maravilloso es poder ir más allá del deseo y del miedo en las relaciones. El amor no desea ni teme nada. 

Si su pasado fuera tu pasado, si su dolor fuera tu dolor, si su nivel de conciencia fuera tu nivel de conciencia, pensarías y actuarías exactamente como él o ella. Esta compresión trae consigo perdón, compasión y paz. 

Al ego no le gusta oír esto, porque pierde fuerza cuando no puede mostrarse reactivo y tener razón. 
Cuando recibes como a un noble invitado a cualquiera que venga al espacio del Ahora, cuando permites a  cada persona ser  como es, él o ella empieza a cambiar. 

Para conocer a otro ser humano en su esencia, no te hace  falta saber nada sobre él: su pasado, su historia personal, sus experiencias. El saber acerca de lo 
confundimos con un conocimiento más profundo, un conocimiento no-conceptual.

Saber acerca de y el conocimiento no-conceptual son dos  formas de conocer completamente distintas. Una tiene que ver con la forma; la otra, con lo informe. Una opera a través del pensamiento; la otra, a través de la quietud. Saber acerca de resulta útil a nivel práctico; de hecho, es imprescindible. No obstante, cuando ése es el modo predominante de conocer en las relaciones, se vuelve muy limitante, incluso destructivo. Los conceptos  y pensamientos crean 
una barrera artificial, una separación entre los  seres humanos. Entonces  tus interacciones no están enraizadas en el  Ser, sino  que se basan en la mente.

Cuando no hay barreras conceptuales, el amor se encuentra presente de manera natural en todas las interacciones humanas. 

La mayoría de las  interacciones humanas se limitan a un  intercambio  de palabras: al  reino del pensamiento. Es  esencial conseguir  cierta quietud, particularmente en las relaciones íntimas. Ninguna relación puede crecer sin la sensación de espacio que acompaña a la quietud. Meditad juntos o pasad ratos en silencio en la naturaleza. Cuando vayáis de paseo, o estéis sentados en el coche o en casa, sentiros cómodos compartiendo la quietud. La quietud ni puede ser creada ni es necesario crearla.

Simplemente, permaneced receptivos a la quietud que ya se encuentra presente, aunque suele quedar oscurecida por el ruido mental.

Si se pierde la quietud espaciosa, la relación estará dominada por la mente, y los problemas y los conflictos podrán adueñarse de ella fácilmente. Si  está presente la quietud, podrá contener cualquier cosa. 
La verdadera escucha es otro modo de llevar quietud a la relación. Cuando escuchas  verdaderamente a  alguien, surge la  dimensión  de quietud y se convierte en parte esencial de la relación. Pero la verdadera escucha es un don
45escaso. Generalmente, la mayor parte de la atención de la  persona está consumida por su pensamiento. En el mejor de los casos, puede estar evaluando tus
palabras o preparando la siguiente frase que va a decir. O puede que no te esté
escuchando en absoluto, perdida en sus propios pensamientos.
La verdadera escucha va mucho más  allá de la percepción auditiva. Es el emerger de una atención alerta, un espacio de presencia en el que las palabras son recibidas. Ahora las palabras  se vuelven secundarias. Pueden ser significativas o pueden no tener sentido. Mucho más importante que aquello que estás escuchando es el acto  mismo de la escucha, el espacio de  presencia consciente que surge al escuchar. Ese espacio es un  campo de conciencia unifícador en el que te encuentras con la otra persona sin las barreras separativas creadas por el pensamiento conceptual. Y la otra persona deja de ser «otra». En ese espacio, estáis unidos en una misma alerta, una conciencia. 

¿Vives dramas frecuentes y repetitivos en tus relaciones íntimas? ¿Desacuerdos relativamente insignificantes que provocan violentas discusiones y dolor emocional?  Los patrones egóticos básicos están en la raíz de estas experiencias: la necesidad de tener razón y,  por supuesto, de que el otro esté equivocado; es decir, la  identificación con posiciones mentales. También está presente la necesidad periódica del ego  de estar  en conflicto con  algo o alguien para fortalecer su sentido de separación entre «yo» y el «otro», sin el que no puede sobrevivir.

Además, está el dolor emocional acumulado del pasado que tú y cada ser humano arrastra en su interior, tanto de tu pasado personal como del dolor colectivo  de la humanidad que se remonta mucho, mucho tiempo atrás. Este «cuerpo-dolor» es un campo energético interno que se adueña esporádicamente de ti porque necesita experimentar  más dolor emocional para alimentarse y reabastecerse. Tratará de controlar tu pensamiento y de hacerlo profundamente negativo. Le encantan tus pensamientos negativos, porque resuenan con su frecuencia y puede alimentarse de ellos. También provoca reacciones emocionalesnegativas en las personas que están a tu alrededor, especialmente en tu pareja, para alimentarse del drama y del dolor emocional. 

¿Cómo puedes liberarte de esta identificación  inconsciente  y profundamente
arraigada con el dolor, que genera tanta miseria en tu vida? Toma conciencia de él. Date cuenta de que no es quien tú eres, y reconócelo por lo que es; dolor del pasado. Sé su testigo cuando te ocurra o le ocurra a tu pareja. Cuando rompes tu  identificación  inconsciente con él, cuando eres capaz de observarlo dentro de ti, dejas de alimentarlo, y gradualmente perderá  su carga energética. 
La interacción humana puede ser un infierno. O puede ser una gran práctica espiritual.
Cuando miras a otro ser humano y sientes un gran amor por él, o cuando contemplas la belleza natural y algo dentro de ti responde profundamente a ella,cierra los  ojos un momento y  siente la esencia de ese amor  o de esa belleza interna, inseparable de quien eres, de tu verdadera naturaleza. La forma externa es un reflejo temporal de lo que, en esencia, eres por dentro. Por eso el amor y la belleza nunca pueden abandonarte, aunque todas las formas externas lo harán. 

¿Cuál es tu relación con el mundo de los objetos,  con las incontables  cosas 
que te rodean y que utilizas cada día? ¿La silla en la que te sientas, el bolígrafo, 
el coche,  la taza? ¿Son para ti simples medios para un fin, o de vez en cuando
reconoces su existencia, su ser, aunque sea brevemente,  dándote cuenta de
ellos y prestándoles atención? 
Cuando te apegas a los objetos, cuando los usas para justificar tu valía ante ti mismo o a ojos de los demás, la preocupación por las cosas puede adueñarse completamente de tu vida. Cuando te identificas  con las cosas, no las aprecias por lo que son, porque te estás buscando en ellas. 

Cuando aprecias un objeto por lo  que es, cuando reconoces  su ser sin proyecciones mentales, no puedes dejar de sentirte agradecido por su existencia.
También  podrías sentir que en realidad no es inanimado, que sólo parece inanimado a los  sentidos. Los físicos  confirman  que, a nivel molecular, cada objeto es un campo de energía pulsante.
La apreciación desinteresada del reino de las cosas hará que el mundo que te rodea cobre vida de un modo que ni siquiera puedes comenzar a comprender con la mente. 

Cuando te encuentras con alguien, aunque sea muy brevemente, ¿reconoces su ser prestándole toda tu atención? ¿O  le reduces a un medio para un fin, un mero papel o función?

¿Cuál es la calidad  de tu relación  con  la cajera del supermercado, con el empleado del aparcamiento, con el mecánico, con el «cliente»?

Un momento de atención es suficiente. Mientras le miras o  le escuchas hay una alerta silenciosa, tal vez de unos pocos segundos, tal vez más larga. Eso es suficiente para que emerja algo más real que los papeles con los  que nos identificamos y que  estamos acostumbrados a  desempeñar.  Todos  los  papeles son parte de la  conciencia condicionada  característica de la mente humana. Lo que emerge a través del acto de atención es lo incondicionado: quien eres en tu esencia, por debajo de tu nombre y de tu forma. Dejas de seguir un guión, te vuelves real. Cuando esa dimensión emerge dentro de ti, también la evocas en la otra persona. 

En último término no hay otro, siempre te estás encontrando contigo mismo.

ETCKHART TOLLE
(EL SILENCIO HABLA)

sábado, 29 de enero de 2011

¿Conoces a ese tipo de persona cuya principal función en la vida parece ser la de ser desgraciada y hacer desgraciados a los demás, la de extender la infelicidad? Perdónales, porque ellos también forman parte del despertar de la humanidad. Representan una intensificación de la pesadilla de la conciencia egótica, del estado de no-rendicíón. En su función no hay nada personal. Ellos no son eso.

ACEPTACIÓN Y RENDICIÓN 



Cuando puedas, echa una «mirada» a  tu interior  para ver  si estás  creando conflicto inconscientemente entre lo interno y lo externo, entre las circunstancias externas del momento —dónde estás, con quién y lo que estás haciendo— y tus pensamientos y sentimientos. ¿Puedes sentir lo doloroso que es oponerse internamente a lo que es? 

Cuando reconoces este hecho, también te das cuenta de que ahora eres libre de renunciar a este conflicto fútil, al estado interno de guerra. 
Si verbalizaras tu realidad del momento, ¿cuántas veces al día tendrías que decirte: «No quiero estar donde estoy»? ¿Cómo te sientes  cuando no quieres  estar donde estás: en el embotellamiento, en tu puesto de trabajo, en la sala de espera del aeropuerto con la gente que te acompaña?

Sin duda es cierto que lo mejor que se puede hacer en ciertos lugares es salir de ellos, y a veces eso es lo más apropiado. No obstante, en muchos casos, no tienes la opción de irte. En esas situaciones, el «no quiero estar aquí», además de inútil, es disfuncional. Te hace infeliz y hace infelices a los demás. 

Ha sido dicho: dondequiera que llegues, allí estás. En otras palabras: estás aquí. Siempre. ¿Es tan duro de aceptar? 

¿Realmente necesitas etiquetar mentalmente cada percepción  sensorial  y cada experiencia? ¿Necesitas  tener esa relación reactiva de gusto o de disgusto 
ante la vida, que te lleva a estar  continuamente en conflicto con personas  y situaciones? ¿O se  trata únicamente  de un hábito mental profundamente arraigado que puedes romper? Sin hacer nada en particular; simplemente, dejando que este momento sea como es.

El «no» habitual y reactivo fortalece el ego. El «sí» lo debilita. Tu identidad en la forma, el ego, no puede sobrevivir a la rendición. 

«Tengo muchas  cosas que hacer.» Sí, pero ¿cuál  es la  calidad de tu hacer? Conducir yendo al trabajo, hablar con  los clientes, trabajar en el  ordenador, hacer recados, atender las innumerables cosas que constituyen tu vida... ¿Hasta qué punto eres total en lo que haces?  ¿Es tu acción una rendición o  una resistencia? Esto es lo que determina el éxito que consigues  en la vida, no la cantidad de esfuerzo que pongas. El esfuerzo implica estrés, tensión, necesidad
de alcanzar cierto punto en el futuro o de conseguir algún resultado. 

¿Puedes llegar a detectar en tu interior la más leve sombra de no querer estar haciendo lo que estás haciendo? Eso es una negación de la vida, y por ello no puedes conseguir un resultado verdaderamente exitoso. 
Si has  sido capaz de detectar esa negación en ti  ¿puedes  también dejarlo y ser total en lo que haces? 

«Hacer una cosa  cada vez»; así es como un maestro Zen definió la esencia 
del Zen. 
Hacer una cosa cada vez significa ser total en lo que haces, prestarle toda tu atención. Eso es acción rendida, acción poderosa. 

Tu aceptación de lo que es te lleva a un nivel más profundo, donde tanto tu estado interno  como tu  sentido del yo  no dependen ya de  que la mente los juzgue «buenos» o «malos». 

Cuando dices «sí» a la vida tal como es, cuando aceptas este momento como es, puedes sentir dentro de ti un espacio profundamente pacífico. 

Superficialmente puedes seguir sintiéndote feliz cuando hace sol y menos feliz 
cuando llueve; puedes sentirte feliz si ganas un millón de euros e infeliz si pierdes todas tus posesiones. Sin embargo, la felicidad  y la infelicidad ya no calan  tan hondo. Son olas en la superficie de tu Ser. La paz de fondo que hay dentro  de ti permanece  inmutable  en cualesquiera que  sean las condiciones externas. 

El «sí a lo que es» revela una dimensión de profundidad en ti que no depende ni de las condiciones externas ni de la condición interna de los pensamientos y emociones en constante fluctuación. 

La rendición se vuelve mucho más fácil cuando te das cuenta de la naturaleza efímera de todas las experiencias, y de que el mundo no puede darte nada de valor duradero. Entonces sigues conociendo gente, sigues teniendo experiencias y participando en actividades, pero sin los deseos y miedos del ego. Es decir, ya no exiges que una situación, persona, lugar o suceso te satisfaga o te haga feliz.  Dejas ser a su naturaleza pasajera e imperfecta. Y el milagro es que, cuando dejas de exigirle lo  imposible,  cada situación, persona, lugar o suceso se vuelve no sólo satisfactorio, sino también más armonioso, más pacífico. 

Cuando aceptas este momento completamente, cuando ya no discutes con lo que  es, el pensamiento compulsivo mengua y es remplazado por una quietud alerta. Eres plenamente consciente, y  sin embargo la mente no pone ninguna etiqueta a este momento. Este estado de no-resistencia interna te abre a la conciencia incondicionada, que es infinitamente mayor que la mente humana.

Entonces esta vasta inteligencia puede expresarse a través de ti y ayudarte, tanto desde dentro como desde fuera. Por eso, cuando abandonas la resistencia
interna, a menudo descubres que las circunstancias cambian para mejor.

¿Estoy diciendo: «Disfruta este momento. Sé feliz»? No. 

Permite que se exprese este momento tal como es. Eso es suficiente. Rendirse  es rendirse a este momento, no a una historia a través de la cual interpretas este momento y después tratas de resignarte a él. 
Por ejemplo, puede que estés tullido y que ya no puedas caminar. Tu estado es lo que es. 

Tal vez tu mente esté creando una historia que diga: «A esto se ha reducido mi vida. He acabado en una silla de ruedas. La vida me ha tratado con dureza, injustamente. No me merezco esto.» 

¿Puedes aceptar que este momento es como es y  no confundirlo con  la historia que la mente ha creado a su alrededor? 

La rendición llega cuando dejas de  preguntar; «¿Por qué me está pasando esto a mí?»

Incluso en las situaciones aparentemente más inaceptables  y dolorosas se esconde un bien mayor, y cada desastre lleva en su seno la semilla de la gracia. 
A lo  largo de la historia, siempre ha habido mujeres y hombres que, cuando tuvieron que hacer frente a grandes  pérdidas,  enfermedades, prisión o muerte
inminente, aceptaron lo aparentemente inaceptable, y así hallaron «la  paz que 
supera toda comprensión». 

La aceptación de lo inaceptable es la mayor fuente de gracia en este mundo. Hay situaciones en las que  todas las respuestas y explicaciones fracasan. La
vida deja de tener sentido. O alguien que está pasando un apuro viene a pedirte
ayuda, y tú no sabes qué decir ni qué hacer. 

Cuando aceptas plenamente que no sabes, renuncias a esforzarte por rencontrar respuestas con la mente pensante y limitada, y es entonces cuando una inteligencia mayor puede  operar a través de ti. En ese instante, hasta el pensamiento puede beneficiarse, porque la inteligencia mayor puede fluir a él e 
inspirarlo. 

A  veces, rendición significa  renunciar  a tratar de comprender  y sentirse cómodo en el desconocimiento.


¿Conoces a ese tipo de persona cuya principal función en la vida parece ser la de ser  desgraciada  y hacer desgraciados a los demás, la  de extender la infelicidad? Perdónales, porque ellos también forman parte del despertar de la 
humanidad. Representan una intensificación de  la pesadilla de la conciencia egótica, del estado de no-rendicíón. En su función no hay nada personal. Ellos no son eso. 

Uno podría decir que rendirse es la transición interna de la resistencia a la aceptación, del «no» al «sí». Cuando te rindes, tu sentido del  yo  pasa de estar identificado  con  una reacción o juicio mental a ser el espacio que  rodea a la reacción o al juicio. Es pasar de  identificarte con la forma —el pensamiento o emoción— a ser y reconocerte como aquello que no tiene forma, la conciencia espaciosa. 

Lo que aceptes completamente te hará sentirte en paz, incluyendo la aceptación de que no puedes aceptar, de que te estás resistiendo. 

Deja la Vida en paz. Déjala ser.

ECKHART TOLLE
(EL SILENCIO HABLA)

martes, 25 de enero de 2011

2012 - UN CICLO TERMINA PARA LA TIERRA (nos transformamos)

tus células inmunológicas, las que te protegen del cáncer y de las infecciones, están literalmente vigilando cada pensamiento tuyo, cada emoción, cada concepto que emites, cada deseo que tienes.


Los ancestros de las diferentes culturas del Planeta sabían que el cuerpo físico no sólo siente, sino que también piensa. Por ejemplo, en las tribus australianas, cuando una persona se hiere o enferma, el clan se reúne a su alrededor junto con el enfermo y le canta pidiéndole perdón a la herida o parte afectada, y ésta entra automáticamente en remisión, lográndose así curaciones milagrosas. 

En el conocimiento ancestral Inka, todo es reciprocidad. Uno enferma cuando se llena de energía pesada o "hucha", por tener actitudes egoístas y no dejar fluir el "sami" o energía ligera. Por ello en las curaciones se pide a la parte del cuerpo que se armonice con la Pachamama (Madre Tierra) y permita que el bloqueo se equilibre concluyendo en la sanación del individuo. 

Lo mismo ocurre en las asombrosas curaciones de los Kahunas o médicos magos hawaianos, estos entran en oración directa con la parte afectada pidiéndole perdón, en un acto de oración donde se involucran ellos, el paciente y todas las vidas durante las cuales ellos se han encontrado e involucrado con esa persona, dándose curaciones que son consideradas milagrosas.

En el caso de los Lakotas en el norte, al cuerpo se le habla para informarle que una medicina va a curarlo, y a la medicina también. Y lógicamente las personas sanan.

Como vemos, tomando algunos casos de medicina ancestral, llegamos a una interesante conclusión: Los ancestros aceptaban a las partes de nuestro cuerpo como un ser completamente inteligente y autónomo del cerebro, eso durante los últimos siglos se tomó como franca superchería o superstición, pero veamos ahora los descubrimientos más recientes de la ciencia al respecto.

La sabiduría del cuerpo es un buen punto de acceso a las dimensiones ocultas de la vida: es totalmente invisible, pero innegable. Los investigadores médicos empezaron a aceptar este hecho a mediados de los años ochenta. 

Anteriormente se consideraba que la capacidad de la inteligencia era exclusiva del cerebro, pero entonces se descubrieron indicios de inteligencia en el sistema inmune y luego en el sistema digestivo.

LA INTELIGENCIA DEL SISTEMA INMUNE
La Dra. Bert descubrió (y luego lo confirmaron otros científicos), que existen tipos receptores inteligentes no sólo en las células cerebrales, sino en las células de todas las partes del cuerpo (les llamaron en un principio neuropéptidos). Cuando comenzaron a observar las células del sistema inmunológico, por ejemplo, las que protegen contra el cáncer, las infecciones, etc., encontraron receptores del mismo tipo que en el cerebro. En otras palabras, tus células inmunológicas, las que te protegen del cáncer y de las infecciones, están literalmente vigilando cada pensamiento tuyo, cada emoción, cada concepto que emites, cada deseo que tienes. 

Cada pequeña célula T y B del sistema inmunológico, produce las mismas sustancias químicas que produce el cerebro cuando piensa. Esto, lo hace todo muy interesante, porque ahora podemos decir que las células inmunológicas son pensantes. No son tan elaboradas, como lo es la célula cerebral que puede hacerlo en inglés o en castellano; pero sí piensa, siente, se emociona y desea, se alegra, se entristece, etc. 

Y ello es la causa de enfermedades, de stress, cáncer, etc. cuando uno se deprime entran en huelga y dejan pasar los virus que se instalan en tu cuerpo.

LA INTELIGENCIA DEL SISTEMA DIGESTIVO
Hace diez años parecía absurdo hablar de inteligencia en los intestinos. Se sabía que el revestimiento del tracto digestivo posee miles de terminaciones nerviosas, pero se les consideraba simples extensiones del sistema nervioso, un medio para mantener la insulsa tarea de extraer sustancias nutritivas del alimento. Hoy sabemos que, después de todo, los intestinos no son tan insulsos. Estas células nerviosas que se extienden por el tracto digestivo forman un fino sistema que reacciona a sucesos externos: un comentario perturbador en el trabajo, un peligro inminente, la muerte de un familiar. 

Las reacciones del estómago son tan confiables como los pensamientos del cerebro, e igualmente complicadas.

LA INTELIGENCIA DEL HÍGADO
Las células del colon, hígado y estómago también piensan, sólo que no con el lenguaje verbal del cerebro. Lo que llamamos "reacción visceral" es apenas un indicio de la compleja inteligencia de estos miles de millones de células.

En una revolución médica radical, los científicos han accedido a una dimensión oculta que nadie sospechaba: las células nos han superado en inteligencia durante millones de años.

LA INTELIGENCIA DEL CORAZÓN
Muchos creen que la conciencia se origina únicamente en el cerebro. Recientes investigaciones científicas sugieren de hecho que la conciencia emerge del cerebro y del cuerpo actuando juntos (esto es conocido como Unidad Mente-Cerebro). Una creciente evidencia sugiere que el corazón juega un papel particularmente significante en este proceso. Mucho más que una simple bomba, como alguna vez se creyó, el corazón es reconocido actualmente por los científicos como un sistema altamente complejo, con su propio y funcional "cerebro". 

O sea, el corazón tiene un cerebro o una inteligencia. Según nuevas investigaciones en el campo de la Neurocardiología, el corazón es un órgano sensorial y un sofisticado centro para recibir y procesar información. El sistema nervioso dentro del corazón (o el "cerebro del corazón") lo habilita para aprender, recordar, y para realizar decisiones funcionales independientemente de la corteza cerebral. Aparte de la extensa red de comunicación nerviosa que conecta al corazón con el cerebro y con el resto del cuerpo, el corazón transmite información al cerebro y al cuerpo interactuando a través de un campo eléctrico.

El corazón genera el más poderoso y más extenso campo eléctrico del cuerpo. 

Comparado con el producido por el cerebro, el componente eléctrico del campo del corazón es algo así como 60 veces más grande en amplitud, y penetra a cada célula del cuerpo. El componente magnético es aproximadamente 5000 veces más fuerte que el campo magnético del cerebro y puede ser detectado a varios metros de distancia del cuerpo con magnetómetros sensibles.

RECOMENDACIONES:
Las investigaciones del Instituto Heart Math sugieren que respirando con Actitud, es una herramienta que le ayuda a sincronizar su corazón, mente y cuerpo para darle una coherencia psicofisiológica más poderosa. Al usar esta técnica regularmente unas cinco veces al día el individuo desarrollará la habilidad para realizar un cambio de actitud durable. 

Con Respirando con Actitud, la persona se enfoca en su corazón y en el plexo solar mientras respira con una actitud positiva. El corazón automáticamente armonizará la energía entre el corazón, mente y cuerpo, incrementando la conciencia y la claridad.



LA TÉCNICA DE RESPIRAR CON ACTITUD.


1. Enfóquese en su corazón mientras inhala. Mientras exhala enfóquese en el plexo solar. El plexo solar se encuentra unos 20 centímetros debajo del corazón, justo debajo del esternón donde los lados derecho e izquierdo de la caja torácica se juntan.

2. Practique inhalar a través del corazón y exhalar a través de la caja torácica durante 30 segundos o más para ayudar a anclar su atención y su energía ahí. 

Después escoja alguna actitud o pensamiento positivo para inhalar o exhalar durante esos 30 segundos o más. Por ejemplo, usted puede inhalar una actitud de aprecio y exhalar una de atención.

3. Seleccione actitudes para respirar, que le ayuden a compensar las emociones negativas y de desequilibrio de las situaciones por las que usted esta atravesando. Respire profundamente con la intención de dirigirse hacia el sentimiento de esa actitud. Por ejemplo, usted puede inhalar una actitud de balance y exhalar una actitud de misericordia, o puede inhalar una actitud de amor y exhalar una actitud de compasión.

Practique diferentes combinaciones de actitudes que usted quiera desarrollar. 

Puede decir en voz alta Respiro Sinceridad, Respiro Coraje, Respiro Tranquilidad, Respiro Gratitud o cualquier actitud o sentimiento que usted quiera o necesite. Incluso si usted no siente el cambio de actitud al principio, haciendo un esfuerzo genuino para cambiar, al menos le ayudará a alcanzar un estado neutral. En el cual, usted tendrá más objetividad y ahorrará energía